Actualizado: 2 de mayo de 2020
Lo bueno de los blogs es que se queda un registro histórico y público de lo que vas escribiendo. En algunas de las cosas de las que he escrito estas semanas anteriores me he equivocado. Y tengo que reconocerlo, la hemeroteca me delata. Dije que la cifra de muertos por Covid-19 en España quizás se estancaría alrededor de los 25.000. Lamentablemente, fui optimista. Ya hemos pasado esa cifra, en el recuento oficial. El recuento que vendrá después, cuando se revisen todos los casos, va a ser terrible.
En otro tema también ha cambiado la situación. La semana pasada dije que el gobierno quería seguir manteniendo la situación de confinamiento, para evitar más contagios, aunque fuera a base de inflar la deuda para pagar ERTEs y ayudas. Pero aquí la respuesta del gobierno se ha tornado mucho más compleja. Por un lado, hay actitudes de que tenemos que volver, más o menos rápidamente, a lo que ellos llaman la nueva normalidad. Ya se han dado cuenta del ritmo al que se vacían las arcas públicas y la movida que se producirá después, cuando haya que machacar a impuestos a todo el mundo para poder pagar tanto gasto. Así que hay que intentar que la gente vuelva a la producción lo antes posible. Mascarilla obligatoria para montar en el transporte público, pero búscate la vida, porque no hay mascarillas. Ya las comprarás en el Carrefour. Ahora ya no es importante hacer pruebas, porque son difíciles de interpretar.
Por otra parte, el gobierno sigue reclamando la prórroga del estado de alarma. Entiendo que la solución es más controlable si hay un mando único sobre las actuaciones de sanidad y movilidad. Pero, ¿dónde está la barrera entre la eficiencia y el placer de tener todo bajo el mando único?
Sánchez tendrá que cambiar de actitud y comenzar a obrar como negociador, porque no vale con decir en ruedas de prensa «venid todos conmigo, que yo os guiaré». Lógicamente, el PP y VOX se opondrán a cualquier cosa, aunque sea sin plantear alternativas, porque eso es lo que les aplauden sus palmeros. Pero hay otras fuerzas políticas, que son en las que Sánchez se apoya para gobernar, que le están diciendo que no va por buen camino. Que quieren participar en el diálogo y tomar responsabilidades en las decisiones. Y podrían dejar de apoyarle para una nueva prórroga.
El plan que presentó el gobierno (muy mal explicado y un poco lioso, donde cada vez empieza a haber más excepciones y situaciones particulares), al menos es un plan. Es un plan lento, que nos lleva hasta finales de junio con limitaciones en las libertades. Para controlar esas limitaciones de las libertades, el gobierno desea mantener el estado de alarma, que le da poderes casi absolutos en ese sentido. En la rueda de prensa de hoy, Pedro Sánchez, de una forma un poco desvergonzada, ha llegado a decir que no hay «plan B»; es un «o conmigo o nada», viniendo a dar a entender que sin estado de alarma se va todo al carajo y desaparecen las ayudas y todo el mundo al paro y se va a morir mucha gente y todo por culpa de que no me habéis dado el estado de alarma. La actitud del «ala, ahora me enfado y no respiro».
Este chantaje se destapa rápido. El gobierno puede, por medio de decretos ley, seguir dictando medidas de limitación de movilidad y de cierre de determinados negocios. Pero pierde el control sobre esas actuaciones, que estarían en manos de los gobiernos autonómicos.
No me gusta esa actitud de poder absoluto del gobierno, limitando nuestra movilidad, y por eso, en principio, me gustaría que no se prorrogara el estado de alarma. Pero, reflexionando un poco, la verdad es que no lo tengo nada claro. Si no hay prórroga, cada una de las 17 autonomías va a establecer su plan de desescalada. Y pasaríamos de un plan, con un objetivo político único, a 17 planes distintos, cada uno con su objetivo político particular.
No nos engañemos: aunque, en el fondo, todos miren por la salud pública, el objetivo político va a estar ahí, más o menos fuerte en función de los apegos de cada comunidad. Y nos podemos encontrar que algunas autonomías salgan antes del confinamiento, regulen la movilidad a su manera, pero, por supuesto, ni hablar de que la gente viaje de una autonomía a otra. ¿Y qué pasa si repuntan los contagios? ¿Volvemos a llamar a papá estado para que nos infle a millones, para que nos envíen tests, o para que nos envíen médicos internistas?
Iremos viendo cómo transcurre esta semana. El miércoles el gobierno tiene que presentar al Congreso la solicitud de prórroga del estado de alarma. Va a ser una semana intensa; creo que los políticos tienen que empezar a levantar la cabeza del barro en el que están metidos ahora mismo y empezar a tener las miras un poco más altas. Si no es porque los españoles necesitamos que suba el nivel, que sea por lo menos para que no queden tan mal parados en la historia que están escribiendo en estos momentos.
Mientras tanto, ¡a cuidarse mucho!