EN BUSCA DE LA NORMALIDAD PERDIDA

Actualizado: 2 de mayo de 2020

Lo bueno de los blogs es que se queda un registro histórico y público de lo que vas escribiendo. En algunas de las cosas de las que he escrito estas semanas anteriores me he equivocado. Y tengo que reconocerlo, la hemeroteca me delata. Dije que la cifra de muertos por Covid-19 en España quizás se estancaría alrededor de los 25.000. Lamentablemente, fui optimista. Ya hemos pasado esa cifra, en el recuento oficial. El recuento que vendrá después, cuando se revisen todos los casos, va a ser terrible.

En otro tema también ha cambiado la situación. La semana pasada dije que el gobierno quería seguir manteniendo la situación de confinamiento, para evitar más contagios, aunque fuera a base de inflar la deuda para pagar ERTEs y ayudas. Pero aquí la respuesta del gobierno se ha tornado mucho más compleja. Por un lado, hay actitudes de que tenemos que volver, más o menos rápidamente, a lo que ellos llaman la nueva normalidad. Ya se han dado cuenta del ritmo al que se vacían las arcas públicas y la movida que se producirá después, cuando haya que machacar a impuestos a todo el mundo para poder pagar tanto gasto. Así que hay que intentar que la gente vuelva a la producción lo antes posible. Mascarilla obligatoria para montar en el transporte público, pero búscate la vida, porque no hay mascarillas. Ya las comprarás en el Carrefour. Ahora ya no es importante hacer pruebas, porque son difíciles de interpretar.

Por otra parte, el gobierno sigue reclamando la prórroga del estado de alarma. Entiendo que la solución es más controlable si hay un mando único sobre las actuaciones de sanidad y movilidad. Pero, ¿dónde está la barrera entre la eficiencia y el placer de tener todo bajo el mando único?

Sánchez tendrá que cambiar de actitud y comenzar a obrar como negociador, porque no vale con decir en ruedas de prensa «venid todos conmigo, que yo os guiaré». Lógicamente, el PP y VOX se opondrán a cualquier cosa, aunque sea sin plantear alternativas, porque eso es lo que les aplauden sus palmeros. Pero hay otras fuerzas políticas, que son en las que Sánchez se apoya para gobernar, que le están diciendo que no va por buen camino. Que quieren participar en el diálogo y tomar responsabilidades en las decisiones. Y podrían dejar de apoyarle para una nueva prórroga.

El plan que presentó el gobierno (muy mal explicado y un poco lioso, donde cada vez empieza a haber más excepciones y situaciones particulares), al menos es un plan. Es un plan lento, que nos lleva hasta finales de junio con limitaciones en las libertades. Para controlar esas limitaciones de las libertades, el gobierno desea mantener el estado de alarma, que le da poderes casi absolutos en ese sentido. En la rueda de prensa de hoy, Pedro Sánchez, de una forma un poco desvergonzada, ha llegado a decir que no hay «plan B»; es un «o conmigo o nada», viniendo a dar a entender que sin estado de alarma se va todo al carajo y desaparecen las ayudas y todo el mundo al paro y se va a morir mucha gente y todo por culpa de que no me habéis dado el estado de alarma. La actitud del «ala, ahora me enfado y no respiro».

Este chantaje se destapa rápido. El gobierno puede, por medio de decretos ley, seguir dictando medidas de limitación de movilidad y de cierre de determinados negocios. Pero pierde el control sobre esas actuaciones, que estarían en manos de los gobiernos autonómicos.

No me gusta esa actitud de poder absoluto del gobierno, limitando nuestra movilidad, y por eso, en principio, me gustaría que no se prorrogara el estado de alarma. Pero, reflexionando un poco, la verdad es que no lo tengo nada claro. Si no hay prórroga, cada una de las 17 autonomías va a establecer su plan de desescalada. Y pasaríamos de un plan, con un objetivo político único, a 17 planes distintos, cada uno con su objetivo político particular.

No nos engañemos: aunque, en el fondo, todos miren por la salud pública, el objetivo político va a estar ahí, más o menos fuerte en función de los apegos de cada comunidad. Y nos podemos encontrar que algunas autonomías salgan antes del confinamiento, regulen la movilidad a su manera, pero, por supuesto, ni hablar de que la gente viaje de una autonomía a otra. ¿Y qué pasa si repuntan los contagios? ¿Volvemos a llamar a papá estado para que nos infle a millones, para que nos envíen tests, o para que nos envíen médicos internistas?

Iremos viendo cómo transcurre esta semana. El miércoles el gobierno tiene que presentar al Congreso la solicitud de prórroga del estado de alarma. Va a ser una semana intensa; creo que los políticos tienen que empezar a levantar la cabeza del barro en el que están metidos ahora mismo y empezar a tener las miras un poco más altas. Si no es porque los españoles necesitamos que suba el nivel, que sea por lo menos para que no queden tan mal parados en la historia que están escribiendo en estos momentos.

Mientras tanto, ¡a cuidarse mucho!

DESCONFINANDO

Actualizado: 25 de abril de 2020

Suena raro, pero vamos a empezar a salir del confinamiento. Después de mes y medio en estado de alarma y prácticamente sin salir de casa salvo para comprar o trabajar, parece que ya se van cumpliendo las condiciones para que podamos ir volviendo a una mayor actividad.

No estoy yo muy confiado con el plan de desconfinamiento. De momento, porque parece que aún no hay plan. Y espero que, si lo diseñan los mismos que hicieron el plan de dejar salir a los niños, se lo curren un poco más. Lo de esta semana ha sido de traca. Anunciando el presidente que se iba a dar algo de libertad a los niños para que pudieran salir a la calle y luego ministros y expertos quitándose el turno para decir la barbaridad más grande. Sánchez dijo que iba a tener un plan, pero sus técnicos y expertos no lo tenían y tuvieron que improvisarlo. Y, todo esto, por la presión de algunas comunidades.

La jugada continúa. Algún presidente independentista ya está anunciando sus planes de liberación (sí, el mismo que fue el primero en pedir el cierre de sus fronteras). Sánchez, para que no se revuelen sus socios y otros presidentes autonómicos, tendrá que adelantarse y decir que tiene el plan ya hecho. Hoy ni siquiera ha dicho que lo tendrá mañana, ya ha anunciado que estará el martes. Se llenan la boca con palabrería (…desescalada asimétrica y gradual…) pero no tienen ni idea de cómo actuar.

Creo que, a nivel personal, el gobierno de España estaría encantado con el confinamiento hasta bien entrado el verano, donde las arcas públicas, que consideran infinitas, van pagando ERTES y ayudas hasta que aparezca una vacuna o el virus se muera solo, por el calor. Así nadie podría recriminarles que no han actuado mirando por la salud pública. Su conciencia estaría bien tranquila.

Pero ¡vaya!, la realidad es un poco más cruel. Las empresas están aguantando como pueden; de momento, tirando de ERTEs, pero empezarán los despidos. Los autónomos van a tener que echar la persiana, y las ayudas no les van a valer de mucho. El consumo está por los suelos, así que los ingresos han caído. No entra dinero en esas arcas públicas y, en cambio, está saliendo a chorros. Y no hay nadie que esté dispuesto a prestar el dinero al 0%. Así que, dentro de nada, nos quedamos sin fondos para seguir pagando todo eso que nos daba tranquilidad.

En un país cuyo PIB depende mayoritariamente del turismo y del sector servicios, esta situación de pandemia es de las peores imaginables. Este año apenas van a venir turistas extranjeros y el turimo nacional estará muy limitado, sin saber aún cómo se va a poder volver a poner en marcha el sector de la hostelería.

Todo esto requiere planificación y esfuerzo por parte de los gobernantes. Algunas autonomías están intentando avanzar, pero el gobierno de España sigue en su posición paternalista de que en casa es más difícil contagiarse. Quizás sí, pero quizás también llegue un día en el que no se va a poder pagar la comida, la luz, el gas y el internet.

La transparencia y la verdad han sido necesarias desde el principio de la crisis. Y también el trabajo serio de los expertos, que organicen qué hacer, cuándo y cómo. Ahora, todos estos principios se vuelven aún más necesarios. El famoso estudio serológico, que iba a empezar la semana pasada, aún no ha comenzado. Veremos cuándo empieza. Y no esperemos resultados, al menos en 8 semanas que se han dado de plazo. Alucinante, lo más importante ahora mismo en España, y se van a pegar 2 meses para hacerlo. No doy crédito.

El principal plan que debería estar ya sobre la mesa del Gobierno y presentado a la opinión pública es el que dicte lo que debe hacerse cuando se reactive la economía y abran los negocios que están ahora cerrados. Habrá más movilidad y habrá contagios de Covid-19. La atención primaria deberá actuar como primera línea para detectar esos contagios y gestionarlos adecuadamente, aislando inmediatamente el foco. De nada nos vale que, cuando haya 200 contagios nuevos, volvamos a encerrar a todo el país en sus casas y se congelen otra vez todos los viajes.

Todo esto lo escribo con un importante cabreo, por los 23.000 fallecidos que dicen las cifras oficiales en España, que podrían ser más de 30.000 en estos momentos. Por los casi 400 muertos diarios. Por todos los enfermos que van a quedar con secuelas. No nos sirve de consuelo que otros países estén igual o peor que nosotros. Se han cometido muchos errores, y una gran parte de esos fallecidos se podían haber salvado. Si no se gestiona correctamente la necesaria vuelta a la actividad, seguirán muriendo personas que podían haber continuado con sus vidas.

Y aquí dejo escrito un llamamiento a la ciudadanía. El gobierno tiene su responsabilidad, pero nosotros mismos también tenemos la nuestra. Nosotros mismos tenemos que participar en que la enfermedad no se transmita. Esperemos tener la información correcta en nuestras manos y que nos den unas recomendaciones claras y efectivas.

Mucho ánimo y mucho cuidado.

HOY NO, MAÑANA

Actualizado: 18 de abril de 2020

Ya llevamos un mes en estado de alarma. La prórroga actual durará hasta el 24 de abril, aunque hoy acaba de anunciar el Presidente del Gobierno que va a solicitar dos semanas más, hasta el 9 de mayo. Por la presión de algunas autonomías y de muchos ámbitos sociales, se va a levantar un poco el confinamiento de los niños. Aún no se ha definido cómo, pero se les dejará salir un poco.

Hoy quería hablar de la política de comunicación que se está usando desde el Gobierno de España. Esta crisis ha evolucionado rapidísimamente: hace poco más de dos meses que se habla en Europa del coronavirus chino, y poco más de un mes desde que empezaron las muertes en el viejo continente y los gobiernos se pusieron las pilas a la carrera. Desde el primer momento, se ha optado por una política de presunta transparencia, optimismo y «yo lo estoy haciendo muy bien». Tanto en el gobierno nacional como en los autonómicos. Estos últimos, si pueden, aprovechan y lanzan puyas al gobierno nacional para justificarse aún un poco más.

Pero ya empieza a ser un poco escandaloso el «hoy no, mañana». Después del discurso patriótico, bélico, guay, llegan las preguntas, que por muy filtradas que lleguen, reflejan las dudas de la ciudadanía. Y el presidente, ministro o director de turno, responde con unos datos sacados de la manga y con cosas que se van a hacer. No que ya se estén haciendo, o que tienen una fecha definida de finalización, sino con «en los próximos días» o «en las próximas semanas».

Empezamos hace unas semanas con las compras de las pruebas rápidas. Creo que de eso hace tres semanas, y decían que «en los próximos días». Un par de semanas después llegaron unas pruebas, compradas en Aliexpress, que daban un 30% de fiabilidad en los resultados.

Ya llevamos dos semanas con lo del estudio serológico de prevalencia, que se va a empezar… Se va a diseñar, se va a organizar, se está estudiando, se le está dando forma… y comenzará «en los próximos días». A este paso, cuando se arranque el estudio, toda la población española ya habrá pasado la Covid-19. Mientras tanto, se están repartiendo algunos tests a las comunidades autónomas, pero cada una hace lo que le viene en gana.

Las mascarillas. Después de haber cambiado de criterio varias veces, ahora la presión internacional para que parezca que se hace algo obliga a recomendar el uso de mascarilla. Aunque sea de papel de fumar. Y claro, el gobierno dice que repartirá mascarillas. Pero hoy no hay. Llegarán en los próximos días. Dice que controlará los precios. Pero como hoy aún no han llegado, mañana controlará los precios. Mientras tanto, no te pondré multa si no la llevas. Pero vete preparando, ¿eh?

Ahora se ha precipitado lo de la salida de los niños. Torra mete presión diciendo que va a dejar salir a sus niños (después de haber lloriqueado por que no se hacía el confinamiento total y después de berrear porque se reabrían las empresas no esenciales) y, a las pocas horas, Sánchez anuncia que el 27 va a soltar a los niños. Esta misma mañana los expertos y ministros seguían diciendo que hoy no se iba a dejar salir o los niños, estaban estudiando si hacerlo mañana.

Podría hablar más sobre el papel del Ministerio de Sanidad, la respuesta de las comunidades autónomas, las mentiras en los datos… Pero hoy no. Quizás… mañana.

SEMANA SANTA DE EXCEPCIÓN

Actualizado: 11 de abril de 2020

Y otro sábado más, confinados. Hoy es Sábado Santo. De no ser por la pandemia, podríamos estar de vacaciones, quizás en la playa. Pero se ha revuelto todo un poco. La Covid-19 (la enfermedad producida por el SARS-CoV-19) ha provocado una situación sin precedentes, en la que ahora mismo más de 3.000 millones de personas en el mundo están en una situación de confinamiento, más o menos voluntaria. En España, el decreto-ley del estado de alarma limita legalmente la movilidad de las personas. Este menoscabo de nuestros derechos parece que ya está obteniendo resultados positivos, ya recibimos noticias de que no acceden tantas personas a urgencias y parece que baja el número diario de fallecidos.

Las cifras que nos ofrecen en los informativos, que serán las mismas que se presentan a la comunidad internacional, son evidentemente insuficientes, y no reflejan totalmente la realidad de la situación. Aunque, como ya dije, seguramente son más transparentes que las de China y muchos otros países.

Estas cifras agrupan muchos miles de dramas familiares. El gobierno está intentando buscar unos acuerdos que permitan la recuperación de la economía, una reedición de los «pactos de la Moncloa». Yo creo que la justicia mundial debería pensar en una reedición de los «juicios de Nuremberg». En fin, dudo que algún organismo de justicia mundial siente en un banquillo a los culpables de esta situación, si es que los hubiera. Pero la justicia española sí que tendrá que actuar, de oficio, para investigar quién es responsable de una gran parte de las muertes que están ocurriendo. Y los responsables no son sólo quienes están ahora detrás de las mesas de los despachos oficiales. Hay muchos más responsables, a los que ahora quizás ya les esté remordiendo la conciencia. Los privatizadores de la sanidad que abrieron el negocio a sus amiguetes. Los gestores de la sanidad pública que recortaron un gasto que, en aquel momento, les pareció superfluo. Los gestores de la sanidad pública que no supieron gestionar bien su estrecho presupuesto y siguieron manteniendo estructuras de gasto excesivo, por no hacerse enemigos. Los presuntos implicados en la gestión de los enfermos de las residencias de ancianos.

Ahora todos estamos muy ocupados en pasar este bache tan fuerte. Cuando se llegue a un nivel de transmisión que permita relajar las medidas, intentaremos volver al trabajo y recuperar, poco a poco, una actividad económica que va a resultar muy dañada. Intentaremos volver, muy poco a poco, a una vida social que hemos perdido y que ya veremos cómo la recuperamos; seguramente, también saldrá bastante dañada.

Lo que no hay que hacer es olvidar. En España se van a quedar por el camino más de 20.000 personas fallecidas (esperemos que no sean muchas más), y una gran parte de ellos, ancianos. Y, por muchos de ellos, parece que no se ha luchado suficiente. Habrá que buscar a quién culpar de ello.

Ánimo y a cuidarse.

SEGUIMOS CONFINADOS

Actualizado: 4 de abril de 2020

Otro sábado más de esta cuarentena; vuelvo a entrar aquí para dejar algunos comentarios. Todavía no ha pasado un mes desde que se empezara a hablar en serio de los contagios del Covid-19 en España. Hace ahora sólo un mes se estaba rumoreando que igual cerraban Madrid y cortaban los transportes. Ayer, sobre las 21:30, eché un vistazo a FlightRadar y había 3 vuelos en el espacio aéreo de Madrid.

Las cifras de la que se nos está viniendo encima, en tan corto espacio de tiempo, son estremecedoras. En España ya han muerto más de 11.000 personas, según el recuento oficial. 15.000 en Italia, también según informaciones oficiales. Y, aunque España e Italia sean posiblemente los países más transparentes en sus cifras, el recuento real puede ser bastante peor. A día de hoy hablamos de 8.200 en USA, 7.500 en Francia, 4.300 en UK… Es bastante preocupante, incluso indignante, que la cifra oficial de China se quedara en 3.300 fallecidos, porque no sabemos hasta qué punto nos están engañado con sus datos y están confundiendo a la comunidad científica. Algún análisis periodístico estimaba más de 40.000 muertos sólo en Wuhan.

En Italia, con algún día de ventaja, y en España, ya se está empezando a vislumbrar un cambio en la tendencia de contagios, ingresos hospitalarios y muertes. Si esto es así, podemos tener un rayito de esperanza, aunque con un cálculo simplista (en el que estimemos que la campana de Gauss de casos tiene la misma pendiente en la bajada que en la subida) podemos suponer que, en esta primera oleada de la pandemia, Italia alcanzará los 30.000 muertos y España superará los 20.000. En USA esperemos que no se alcance la cifra de los 100.000 que ya avanzó Trump.

Los epidemiólogos ya nos están avisando de que, muy probablemente, llegarán oleadas posteriores. Esperemos que nos pillen un poco mejor preparados. Desde luego, concienciados vamos a salir todos, porque ya todo el planeta ha visto las orejas al lobo. Pero no basta con salir a aplaudir a la ventana. A nivel gubernamental, tendrá que haber una planificación muy seria de inversiones y recursos estratégicos. Y, a nivel individual, aún nos quedan muchos sacrificios en cuanto a relaciones personales e higiene contra los contagios. No vamos a poder ir, en estampida, a chupinazos sanfermineros, macrofestivales, etc. Va a ser un verano extraño.

Tendrán que llegar los famosos tests masivos. Sí, esos que iban a llegar hace 3 semanas. Ahora mismo, la situación en el planeta ya empieza a estar entre el mercado persa y las películas de corsarios. Pero irá a peor. Así que espero que los proveedores nacionales puedan ir aumentando su producción. Tenemos una industria farmaceútica potente. Con pruebas masivas podremos controlar mejor la expansión de los contagios. Ya se está hablando también de alguna aplicación tecnológica que permita rastrear a quien ya ha pasado la enfermedad y a quien pudiera ser portador. En este aspecto, no sé cómo acogería Europa este tipo de vigilancia.

Los gobiernos, tanto el nacional como los autonómicos, siguen deslumbrados por la luz del meteorito que nos está cayendo. Hacen lo que pueden, nos dan unos datos manipulados, no sé si por ignorancia o si por estupidez, ambas son malas. Tanto gobiernos como oposiciones (da igual del color que sean, en unas comunidades son unos y en otras son los contrarios), aún no se han parado a reflexionar sobre cuál debe ser su criterio. Hoy dicen una cosa y mañana la contraria. Incluso, en el mismo momento, los que gobiernan en una comunidad y son oposición en otra se contradicen, a pesar de ser del mismo partido.

Ánimo, y a cuidarse.

LUCHANDO CONTRA LA PANDEMIA

Actualizado: 28 de marzo de 2020

Hace tan sólo 7 días escribía una entrada sobre el Covid-19 y la situación tan excepcional en la que nos encontramos. Aún no ha terminado marzo y seguimos con el corazón en un puño por la evolución de los acontecimientos. Estamos viviendo una situación de pandemia que prácticamente ningún terrícola había vivido antes; pocos quedan de los que nacieron antes de 1918 y conocieron la mal llamada gripe «española».

En Italia, a pesar de que llevan ya más de 3 semanas con el estado de cuarentena, las cifras se resisten a mejorar. Hasta la fecha, han fallecido ya más de 10000 italianos. En esta semana el gobierno italiano decretó el cierre de actividades no esenciales, en un intento de bajar más la movilidad y la transmisión del virus.

El gobierno de España va a decretar mañana medidas aún más restrictivas para reducir la movilidad de los españoles. Con más de 5800 fallecidos, vemos que seguimos peligrosamente la ruta de Italia, así que se actúa sin esperar esa semana de decalaje que llevamos con ellos. A partir del lunes 30 se detienen las actividades que no sean de primera necesidad. Después de que mucha gente se haya quejado de que no tiene sentido que continúe trabajando el sector de la construcción u otros sectores que intentaban mantener su actividad, el gobierno ha planteado la fórmula del permiso retribuido recuperable para que esta parada no vacíe las arcas públicas a base de ERTES y, aún así, la gente se quede en sus casas y no salga a la calle salvo que sea estrictamente necesario.

Pero las cifras de ingresados y fallecidos son un eco de lo que ocurrió hace 2 – 3 semanas. El frenazo en los contagios, que ya se está obteniendo gracias a la reducción de la movilidad, lo empezaremos a apreciar en esas 2 – 3 semanas. Hasta entonces, aún han de pasar unos días de muchos muertos y mucho sufrimiento en los hospitales.

Esta medida estaba siendo solicitada por alguna autonomía, por la oposición y por parte del gobierno. Es, de nuevo, una medida difícil de adoptar, porque va a suponer un grave paradón en la economía, del que muchas empresas y autónomos no se van a poder recuperar. Pero no olvidemos que, si se resiente aún más la salud pública, lo que no se van a poder recuperar son muchas vidas.

No creo que ni el gobierno de España ni los gobiernos autonómicos estén dejando de trabajar y esforzarse al máximo frente a este tsunami que nos está cayendo encima. Pero sí que hay muchas cosas que se podrían hacer mejor.

Lo primero, no tratarnos como idiotas. Por favor, vamos a dejar de contar cuentos y mentiras. Sepamos de una vez con cuántos casos reales estamos tratando. Aislemos correctamente a los contagiados. Aprovechemos bien esas pruebas que nos dicen que están haciendo. Nos dicen que se hacen más de 15000 pruebas al día; no me encaja en absoluto, cuando sólo se detectan unos 6000 nuevos casos cada día y la cifra oficial de hoy de casos activos es de 72000. Hay estudios que hablan de que podría haber entre 300000 y 500000 casos activos en España.

Lo segundo, habría que intentar bajar la presión que están soportando Madrid y Cataluña. Están en una situación límite en sus urgencias y UCIs. Mientras tanto, en otras comunidades «se están preparando». ¿Por qué no se utilizan los recursos de otras comunidades para apoyar a estas dos? Cuando llegue el pico a otras comunidades, no van a poder recibir ayuda de Madrid ni de Cataluña, porque estarán simplemente exhaustos.

La compra y distribución del material sanitario parece que sigue siendo una batalla entre comunidades autónomas. Siguen saliendo presidentas y presidentes diciendo «nosotros hemos comprado un avión…». Por favor. Como que una comunidad autónoma tiene mucho poder de negociación frente a todos los gobiernos nacionales del mundo, que están ahora comprando todo el papel higiénico de los supermercados. Lo que habría que hacer es lo que ya se está empezando a proponer: que se haga a nivel europeo para no competir entre nosotros. Es un poco naïf, pero bastante mejor nos saldría a todos los europeos.

Ánimo y sigamos con la «pequeña» tarea que se nos ha asignado: no nos contagiemos.

CORONAVIRUS Y ESTADO DE ALARMA

Actualizado 21 de marzo de 2020

Estamos viviendo una situación excepcional e histórica. En diciembre de 2019 se descubrió un nuevo virus en China, al que se ha bautizado como COVID-19. Su rápida propagación y sus efectos sobre la salud pusieron en alarma a las autoridades chinas y a la Organización Mundial de la Salud. En poquísimo tiempo el virus se había extendido a muchos países y, en febrero de 2020, la OMS se puso un poco más seria y declaró la epidemia como pandemia. El gobierno español decretó el estado de alarma el sábado 14 de marzo, con una duración inicial de 15 días. Italia está en una situación muy crítica, con ya casi 5000 muertos y sin haber alcanzado aún el teórico pico de la curva de expansión de los casos. China (con más de 3000 muertos acumulados) y Corea del Sur han contenido la propagación del virus y tienen controlada su extensión territorial, aunque todavía tienen muchos casos abiertos.

La decisión que se tomó en China, cuando se vio la magnitud del problema, fue el confinamiento de regiones completas. La epidemiología es una ciencia antigua y con bastante historia a sus espaldas. Hay registros de varias pandemias muy graves, cómo se actuó en cada una de ellas y qué es lo que debe hacerse. En su momento, a todo el mundo nos pareció que la acción de China era prácticamente dictatorial y que sería inviable llevarla a cabo en los países occidentales. Volveré más adelante a comentar lo de China.

Así que, mientras desde China y Corea del Sur nos llegaban imágenes de soldados cerrando las calles y de sanitarios con trajes de protección completa, aquí confiábamos en que el tema se quedaría al nivel de anteriores epidemias, muy graves, pero que tuvieron poca repercusión en Occidente: el ébola, el SARS, la gripe porcina, la gripe A.

La información que iba llegando desde las autoridades sanitarias y la OMS (hablamos de hace menos de un mes) era que era interesante prepararse para evitar los contagios, para que la curva de la expansión de la epidemia se aplanara y no se llegara a saturar el sistema sanitario. Pensaban, y nos hacían pensar, que con la experiencia de la gripe estacional y otras epidemias previas íbamos a superar esto.

Los acontecimientos se han precipitado, sobre todo viendo lo que ha ocurrido en Italia. Al llegar la epidemia a Europa se ha visto que los estudios chinos no eran del todo válidos. Las cifras de contagio y mortalidad han pillado a todos con el pie cambiado. Italia puso en marcha una primera actuación de cierre de actividades de ocio y un cierto confinamiento en casa, que ha sido seguido con mayor o menor éxito por parte de la población. En Italia se detectó el primer caso el 21 de febrero, y las limitaciones de movimiento se decretaron el 8 de marzo.

Las autoridades italianas se empezaron a asustar cuando, después de sus recomendaciones más o menos estrictas, el número de casos y de muertes seguía subiendo a un ritmo exponencial. Con un factor de contagio (R0) estimado de entre 2 y 3, los números crecen recalcitrantemente.

Un estudio de Imperial College, publicado el 16 de marzo, elevaba el número posible de muertos en UK a más de 510.000, y en USA más de 2.200.000, si no se tomaban medidas urgentes de contención.

Otros dirigentes mundiales han visto las orejas al lobo y se están tomando el tema un poco más en serio. Prefiero no comentar nada sobre Johnson y Trump, que estaban hasta hace muy pocos días haciendo chistecitos, encantados con sus respectivos pelos amarillos.

En España se tomó una medida bastante drástica: decretar el estado de alarma y limitar la movilidad de los ciudadanos. Esta medida, absolutamente excepcional, ha trastocado totalmente nuestras vidas. Ha sido una medida arriesgada y dura: la economía española, basada en gran medida en el sector de servicios y, sobre todo, del ocio, se está llevando un varapalo del que ya veremos cómo se recupera.

Pero el tema es muy serio. Estamos viendo que en España mueren cada año, por la gripe estacional, unas 6000 personas. Ésta es una cifra que, digamos, está asumida por la sociedad, lo mismo que asumimos que hay muertos por accidentes de tráfico. Duele, pero es así. Pero no tomar estas medidas drásticas contra el Covid-19 podría llevarnos a contar los muertos por decenas de miles en España y por cientos de miles en Europa. Ningún dirigente mundial quiere tener a sus espaldas esa responsabilidad.

Iremos viendo cómo evolucionan estas situaciones de confinamiento. Aunque las autoridades sanitarias presionen para mantenerlas, tanto la sociedad como las empresas van a querer recuperar lo antes posible la normalidad. En Italia, después de 3 semanas de «encierro» en los domicilios, la gente se escapa cada vez más. Habrá que ver, también, la efectividad de estas medidas de aislamiento parcial: ha bajado mucho la movilidad, pero aún hay bastante gente usando transportes públicos para ir a trabajar. Me temo que llegará un momento en el que las cifras de casos y muertos se quedarán en eso, simples cifras, y la sociedad querrá seguir adelante.

¿Qué ha pasado en China?

No me fío mucho de los datos de China. Prefiero mirar al modelo de Corea del Sur. En China tardaron mucho tiempo en reconocer la epidemia; de hecho, represaliaron a un médico que intentó difundir información sobre lo que estaba pasando. La política de comunicación del gobierno chino puede estar controlada por los intereses políticos, así que no sabemos si han publicado datos verídicos. Ahora ya dicen que no tienen nuevos contagios, envían imágenes de enfermeras felices y se dedican a hacer donaciones de material médico a sus competidores comerciales. A mí esto no me pinta bien.

En Corea del Sur se han beneficiado de una población mucho más joven y más disciplinada y de numerosos recursos económicos y tecnológicos. No han dudado en obligar a la población a «implantarse un chip de rastreo» – metafóricamente hablando, por supuesto – para controlar la expansión del virus. Además, han hecho pruebas a mansalva, con lo que estaban viendo lo que estaba pasando. La respuesta de Corea del Sur nos da esperanzas, aunque su traslación a la vieja Europa no va a ser tan exitosa.

SOBRE BLOGS, COLUMNAS DE OPINIÓN Y OTROS ENGENDROS LITERARIOS

Comienzo aquí una nueva etapa en mi faceta de escritor. Llevo muchos años escribiendo de manera más o menos formal. De pequeño hice alguna pequeña incursión en el relato novelado. Sólo unas pocas páginas, con más ilusión e ímpetu juvenil que talento. Después, por mi trabajo, me ha tocado escribir muchos, muchos tochos, pero la gran mayoría infumables para casi cualquier humanoide: temas muy técnicos y muy especializados. Tengo en mente algunas ideas para algunos relatos cortos, que no llegarán a tener la entidad de novela, pero nunca encuentro el momento para empezar.

Todos tenemos vocación para escribir. Muchísima gente no llega a hacer nunca caso a esa vocación, o porque les da pereza, o porque les da vergüenza, o simplemente porque el día a día les adelanta por la derecha y no les da tiempo a hacer caso a lo que llevan dentro. Hay otros muchos que sí que se dan cuenta de esa pulsión y la expresan como pueden, aunque sea sin llegar a hacerlo de la forma oficial (publicando libros). Hace unos años, se cogía un cuadernillo y se empezaba a garabatear las ideas. Recuerdo haber leído una obra de teatro escrita por mi bisabuelo, a máquina, en unas cuantas cuartillas. En la actualidad, tenemos muchos más medios para liberar nuestra verborrea. Desde las parrafadas que soltamos en Whatsapp, pasando por las participaciones en los foros de internet, hasta los blogs en los que ya se articulan las ideas con un poco más de estructura.

Sigue existiendo la fantástica figura del escritor que publica sus libros. Gente con talento para narrar historias, que consigue hacerlas llegar a un editor arriesgado y que, juntos, se lanzan a la aventura de la publicación. Autores que, con un poco de suerte, consiguen ganarse la vida escribiendo. Autores que, con un poco de suerte, llegan a producir una obra que pervivirá por generaciones. Autores que, con un poco de suerte, consiguen un poquito de inmortalidad.

Pero vamos a comentar la profesionalización de la escritura. Voy a dejar de lado el trabajo de los periodistas de noticias, que siguiendo un código ético impuesto por su carrera y un libro de estilo que les impone su editor, intentan reflejar los sucesos y los hechos de la actualidad. Labor bastante difícil. Por eso nunca me ha gustado mucho la profesión del periodismo. Lo primero, porque es complicado apartar la subjetividad de cualquier cosa que estés narrando. Y luego, porque el periodista no tiene la formación ni los conocimientos para entender, y menos explicar, todo lo que sucede en el mundo. Los periodistas, al final, saben un poco de todo y no saben mucho de nada. Por mucho que se vayan especializando en temas concretos, no pueden ejercer la labor de expertos en un tema. ¿Quién es experto en un tema? El que dedica toda su vida profesional a ese tema. Y, aún así, ese experto no tendrá la verdad absoluta sobre ese asunto, seguro que hay algún otro colega que puede rebatir sus argumentos y plantear otra verdad diferente.

Pasamos, entonces, a los periodistas de opinión. ¡Qué peligro tienen éstos! Aquí ya no se usa el código ético, se defienden ideas o ideologías según los intereses del medio. Los medios de comunicación (ya sean audiovisuales o de prensa escrita) son herramientas de poder. El poder se reparte entre muy pocas manos (y sobre esto nos podremos extender otro día). Entre pocas familias, hay un reparto de tejemanejes por el cual yo tengo unos capitales aquí, tengo unos intereses allá, ahora te hago este favor y luego me acordaré de tí cuando tenga que montar no se qué. El caso es que, de forma directa -por aportación de capital- o de forma indirecta, los grandes medios de comunicación nacionales tienen sus intereses. Y, normalmente, a esos intereses les interesa (valga la redundancia) formar una opinión entre sus lectores / espectadores. Tradicionalmente esto no ha tenido ningún problema. No había mucha diversidad de medios, incluso en algunos casos había un monopolio que apenas se discutía. Pero ahora la competencia es feroz. A finales del siglo XX, en España, hubo una explosión de periódicos, emisoras y cadenas de televisión. Pero hemos vuelto, en pocos años, a una concentración de grandes grupos de comunicación. Se podría decir que cada una de esas grandes empresas tiene una ideología política y por eso apoyan a unos u otros partidos políticos, pero yo no lo tengo tan claro. A mí me parece, más bien, que los partidos políticos son marionetas de las grandes familias del poder, y que las pocas decisiones que les permiten a los partidos vienen teledirigidas desde otros despachos que no son los suyos. Pero he vuelto a divagar.

En esta situación actual de los grandes grupos de comunicación ha surgido un fenómeno que es muy curioso. Se ha cambiado el modelo de influencia en la opinión pública, alejándose del tradicional método de las páginas de opinión de los diarios. Ahora, los grandes grupos de comunicación poseen al menos dos grandes cadenas de televisión generalistas. Podríamos simplificar diciendo que ponen a una de las cadenas de un «color» y a la otra, del «color» contrario, para contentar a distintos públicos y captar todo tipo de audiencias. Voy a poner el ejemplo evidente de A3Media, que tiene una Antena 3 más conservadora y una Sexta más progresista. Pero esto no queda aquí. En ambas cadenas, en los programas de opinión o debate, invitan a personajes de todos los espectros políticos, para que se genere más enfrentamiento y más ruido. Yo observo (quizás esté equivocado y sólo sean especulaciones mías) que los invitados del «color» opuesto al de la cadena suelen ser más «Mortadelos», más histriónicos de lo normal… caricaturas de la opinión contraria a la que se quiere asentar. De esta forma, el espectador se divierte con el debate y sale con la ventaja moral de que los suyos han ganado la discusión de una forma mucho más civilizada. En fin, estas son mis elucubraciones. Pero no nos despistemos, el grupo de comunicación lo que quiere es ganar más dinero vendiendo anuncios.

Después del repasito a los periodistas de opinión ideológica, me gustaría hablar de los opinadores de columna. Y aquí abrimos el espectro y dejamos entrar a intrusos que no han estudiado la carrera de periodismo. Esto tiene una larga tradición en la prensa escrita. Llenar de contenido un periódico ha sido siempre una labor difícil (y si no, que se lo pregunten a los becarios que tienen que trabajar en verano en las redacciones de los diarios). Con lo cual, había que buscar autores de relleno. Se inventaron las «Cartas al director», sección con la que ya se cubría una página. Esta sección tiene su encanto, sobre todo cuando transcurren unos años y la relees desde la distancia del tiempo. Aparte de otros contenidos de relleno (clasificados, esquelas y, por supuesto, publicidad), había que darle un poco más de sentido al periódico, y se invitaba a personajes de renombre a publicar sus escritos. Los políticos, en cuanto tienen una pequeña oportunidad, aceptan encantados. Qué mejor que una tribuna de tanta difusión para liberar de nuevo su argumentario. Algunos académicos, encantados de leerse a sí mismos, también tienen siempre algo preparado sobre lo que disertar. ¿Y por qué no pagamos algo a algún escritor o famosete, para que nos escriba algo todas las semanas? Y aquí llegamos a los OPINADORES.

A este tema le vengo dando vueltas desde los tiempos de Paco Umbral. Así que fíjense las vueltas que le he dado, lo que ha llovido desde entonces. Paco Umbral (algunos le decían y le siguen diciendo el gran Paco Umbral…) escribía una columna de opinión en El País. Yo solía leer El País, además de otros periódicos, y solía leer su columna. Y recuerdo pensar: «¿Pero qué coño díce este tío?. ¡Y todas las semanas con alguna chorrada nueva!». No recuerdo, para nada, los contenidos o sobre qué opinaba, pero sí recuerdo esa sensación de decir: «A este le han pagado por escribir 400 palabras y ha empezado a divagar con el único objetivo de llegar a ese número de palabras…».

Muchos opinadores continúan vagando por la prensa escrita de nuestros días. Con lo mal que está, la pobre. Tenemos a autores que han triunfado decentemente en la venta de libros y se entretienen con columnas o páginas de opinión semanal, algunas veces dejándonos pequeñas joyas literarias, porque realmente escriben bien. No creo que lo hagan por dinero; en estos casos, yo creo que es más por satisfacción de su ego. Pero lo que me da pena es ver a una de estas figuras escribir un bodrio de página porque están comprometidos a hacerlo todas las semanas. Los editores tenían que darles permiso para descansar algunas semanas, la creatividad y las musas a veces no están disponibles en todo momento y yo preferiría que se ahorraran el trago de tener que cumplir con un artículo ordinario -en todo el sentido peyorativo de la ordinariez-.

Luego nos encontramos con escritores que tuvieron un pequeño momento de gloria, quizás ganaron algún premio literario con sus óperas primas, y después se quedaron pululando por el pequeño universo de los opinadores. Éstos sí que lo hacen por dinero. Por lo mismo que, en cuanto pueden, acuden a un plató de televisión a cobrar otro bolo. La mayoría de las veces -quizás ellos no se dan cuenta- ejerciendo el papel de «Mortadelo», de caricatura de la opinión contraria que yo mencionaba anteriormente. O, simplemente, para generar ruido en el debate: ahora está muy de moda que en los debates televisivos todos se atropellen y no dejen hablar a sus compañeros de discusión. Estos opinadores de segundo nivel lo tienen más difícil para sorprendernos con artículos interesantes. Su talento es más limitado que el de los escritores de best-sellers y lo tienen mucho más agotado.

Nos topamos también, leyendo periódicos y suplementos semanales, con otra especie más baja de opinador: profesionales famosillos que han hecho algo interesante en su vida (locutores de radio, cocineros, deportistas), a los que un día les dio por escribir. Ojo, esto no me parece mal, cualquiera tropieza en ese pecado, hasta yo mismo. Pero algún editor, amiguete, vio la oportunidad de rellenar su publicación y les ofreció «¿por qué no me haces una página cada semana?». El ego del opinador se infla, también su cartera, y ya la hemos liado. Alguna semana puede sonar la flauta y aparecer la inspiración para escribir algo decente. Pero la mayor parte de las veces, el pobre opinador no tiene más remedio que recurrir a viejas anécdotas, a recuerdos de viajes o a homenajear a algún otro famosillo; se infla esa semillita por medio de polvo y paja y ya tenemos el artículo… hasta la semana que viene. El pobre opinador ha salvado la papeleta, el pobre lector se va cansando cada vez más de que le tomen el pelo. Hasta ahora no lo había escrito en estos términos, pero con estos opinadores sí que me viene a la cabeza la expresión de «la prostitución de las letras».

Lo dejo aquí, de momento. A todos los aguerridos lectores que hayan alcanzado este punto, les doy mi enhorabuena y mi agradecimiento. Volveré de nuevo a este medio, para liberar un poco mis opiniones; está bien darles rienda suelta de vez en cuando. Y no será porque alguien me pague por hacerlo, sino ¡porque me apetece!